jueves, 12 de julio de 2012

Gruner: Izquierda, ¿qué es eso?.

Ñ.

En sus extraordinarias conversaciones de más de 500 páginas con el escritor y crítico de arte John Gerassi, Jean-Paul Sartre afirma –y el lector no puede menos que quedar estupefacto– que recién se asumió como un intelectual realmente “politizado”… ¡en 1968! (a partir del denominado Mayo francés). Pero para esa fecha Sartre ya había participado en la Resistencia contra la ocupación alemana, había fundado (junto a Merleau-Ponty y otros intelectuales) los grupos Socialismo y Libertad y RDR (Ressemblement Démocratique Révolutionnaire) así como la revista Les Temps Modernes, había organizado manifestaciones, protestas y declaraciones contra las masacres coloniales en Madagascar y contra las guerras de Indochina y Argelia (formando parte de la red clandestina de ayuda al FLN dirigida por Francis Jeanson), había presidido el Tribunal Russell contra los crímenes de guerra en Vietnam, se había entrevistado con Fidel y el Che para apoyar enfáticamente a la revolución cubana, había rechazado el Premio Nobel para repudiar el “aburguesamiento” del “escritor comprometido”, había oficiado por unos años de “compañero de ruta” del PC para luego denunciar con virulencia la invasión rusa a Hungría, y había publicado ese verdadero monumento de filosofía marxista crítica que es la Crítica de la Razón Dialéctica (sólo comparable, en el siglo XX, a Historia y Conciencia de Clase de Lukács o a la Dialéctica Negativa de Adorno), para no mencionar el archifamoso y controvertido prólogo a Los Condenados de la Tierra de Frantz Fanon. Etcétera, etcétera. ¿Cuánta mayor “politización” se puede pedir? Sin embargo, en aquéllas entrevistas Sartre insiste en que antes de 1968 sin duda era “de izquierdas” pero no estaba “politizado”. ¿Habrá que aplicarle una paráfrasis del célebre chascarrillo de Soriano sobre el peronismo, algo así como “Yo nunca me metí en política, siempre fui de izquierda”? Por supuesto que no. Sartre, con su boutade provocativa, quiere decir al menos dos cosas: en primer lugar, que ser de izquierda implica ante todo una posición ética a favor de los excluidos por los usufructuadores del poder político, económico e ideológico-cultural. Esto no significa, desde ya, que esa elección sea a-política, o siquiera pre-política: significa que privilegia ese pathos “moral” por sobre las necesidades “pragmáticas” que la práctica de la política conlleva. Pero eso no alcanza.